lunes, 11 de octubre de 2010
¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos!
H.I.J.O.S surgió en Argentina en 1995, formado por hijos de personas desaparecidas en la dictadura militar de los setentas y ochentas en ese país, extendiéndose posteriormente al resto de Latinoamérica y el mundo por haberse sufrido situaciones similares en dichos países. En cuanto a México se refiere, la organización evidencia que el gobierno presente, no se diferencia de los represores y genocidas del pasado en nuestro país (los presidentes, secretarios de gobernación y de defensa y procuradores desde la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz).
Por tanto, las acciones de H.I.J.O.S son constantes, y conllevan actividades, quizá simbólicas, pero enérgicas y de protesta continua. Este grupo, mayoritariamente formado por jóvenes, ha instituido la práctica de, por ejemplo, renombrar calles bautizadas con nombres de genocidas (i.e. Luis Echeverría), con nombres de desaparecidos, recobrando así, su vida, su rostro… y con ello, nuestra historia. Otra acción interesante, es la del escrache, la cual evidencia la impunidad de la justicia mexicana y la repudia. En concreto, se genera una manifestación de condena social en contra de criminales no enjuiciados y de aquellas instituciones que han implementado políticas de desaparición forzada. Lastimosamente a falta de justicia, se ha escrachado en México a personajes como Plascencia Villanueva, presidente de la CNDH, por no demostrar genuino compromiso ni interés hacia el cumplimiento de los derechos humanos en nuestro país; al gobierno de Oaxaca por su represión paramilitar característica; al genocida Luis Echeverría Álvarez y a la justicia mexicana al haberlo protegido una vez más; al Instituto Nacional de Migración, por su política de deportación, expulsión y tortura, etc.
Junto con diversos comités y organizaciones, H.I.J.O.S., brinda esperanza al futuro mexicano y latinoamericano. Nos demuestra un dolorosísimo pasado, pero a su vez, enseña que la actual generación de jóvenes no será perdida, aun con la falta de concientización necesaria en nuestra sociedad. Al plantearnos su ideología de inclusión y justicia, ayudan a promover la reflexión y movilización necesaria para salvar y empoderar a las masas en nuestro país. Nos recuerdan, y sobre todo a nuestras autoridades, que hay, y siempre habrá, alguien observando, y con ello, demandando justicia social.
H.I.J.O.S. (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio)
lunes, 4 de octubre de 2010
México y América Latina, 200 años de raíces comunes en arquitectura
Se habló del inevitable tema de rezago en México, en una época en la que la tecnología avanza aceleradamente a nivel mundial, lo cual tiene que ver posiblemente con una falta de visión y planeación nacional, al menos en términos de esta profesión. Haciendo recuentos, se reflexionó que el desarrollo arquitectónico y urbano en nuestro país, así como en varios otros de Latinoamérica, también se ha visto históricamente truncado por guerras, dictaduras, intervenciones, etc. Pero ultimadamente, aun cuando no se haya mencionado muy ampliamente ni por varios ponentes, debe reconocerse que el injerencisimo norteamericano e imperialista, junto con las tendencias internacionales y carentes de identidad en la profesión de la arquitectura, como lo dijo el Arq. Ricardo Legorreta, ha causado una “indigestión” de tecnología y globalización, término cuyo significado ya ampliamente reconocido, se ha convertido, en gran parte, en un pretexto de los países ricos para saquear a los pobres.
Y así como este saqueo ha sucedido en términos globales o internacionales, en la escala nacional tampoco nos hemos quedado atrás. Al arquitecto se le ha olvidado muchas veces que su profesión debiera ser una de servicio sin pausa a las necesidades de su entorno o comunidad. Se ha olvidado del mismo modo, que la obra arquitectónica también pertenece a los artesanos de la construcción así como a los que habitan los espacios, entes a los que se les desdeña y olvida en muchas ocasiones, al hacer arquitectura estética pero poco eficiente o útil. De este modo, el desafío de los jóvenes arquitectos y urbanistas mexicanos y latinoamericanos es aquel de brindar apoyo al más débil (que en México es un porcentaje mayúsculo) y luchar contra la pobreza no sólo económica, sino también cultural para convertir a nuestros países en lugares más justos y con un futuro más prometedor y común. En nuestra responsabilidad profesional tampoco podemos olvidar lo poco adecuada que ha sido la planeación urbanística de México, en la cual han reinado la corrupción, el caos absoluto y los intereses políticos, creando así faltas graves a la urbanidad y a la calidad de vida de ciudades como la capital y a sus poblaciones.
La consideración hacia el medio ambiente tampoco es una que como profesión podemos de ninguna manera dejar a un lado. Nuestros diseños no pueden más que luchar por ser sustentables, y esto sólo podrá lograrse con una profesión más interdisciplinaria que trabaje en conjunción con muchas otras. No puede olvidarse que nuestras edificaciones son responsables del veinte por ciento del consumo de energía, sólo superadas por el sector transporte e industrial y que la forma en que afectamos al planeta puede ser ampliamente mitigada con un diseño responsable y eficiente. En conjunto, nuestros diseños no deben dejar de proveer de espacios verdes y una estructura pública adecuada en sitios del país tan alejados de ello como lo es la Ciudad de México.
En estos diálogos, también se conmemoró nuestra historia de la arquitectura, se recordó el eterno desplazamiento que ha ocurrido de una época a la siguiente, sin borrarse completamente ninguna era, y creando así una mezcolanza magnífica. Se reconoció, también, cómo la arquitectura y el diseño suelen ser un reflejo de las mentalidades y valores de una sociedad y su tiempo, así lo reflejan obras maestras como el Palacio de Bellas Artes, Ciudad Universitaria, el Museo de Antropología e Historia o los murales de la época post revolucionaria que intentaban recuperar y plasmar nuestras raíces prehispánicas. O también las obras realizadas para las olimpiadas del 68, que intentaban sobresalir y desplazar así, problemáticas sociales inmensas. De una manera u otra, las múltiples etapas de la arquitectura mexicana han ido dando indiscutible identidad a nuestras ciudades, aun cuando ésta haya sido parcialmente apropiada de otros países o épocas pero al mismo tiempo modificada e imprimiendo nuestra fascinante cultura y creatividad en ella.Al final de cuentas, la riqueza y diversidad cultural de nuestro país se refleja directamente en nuestra arquitectura, dándole una auténtica identidad que rememora el pasado pero también admira el futuro.
Finalmente, el carácter de exposición y permanencia de nuestra profesión, hace que nuestras obras vociferen, contaminen o hasta insulten a nuestras ciudades. Hoy en día, con la tendencia internacional de convertir nuestra arquitectura en un record, espectáculo u ícono, digno de ocupar un lugar en las revistas, en lugar de una arquitectura comprometida y responsable, nuestras obras han iniciado a tener un carácter que repele, en lugar de atraer. No podemos dejar de ver al futuro, pero sin olvidar las lecciones del pasado. Debe reconocerse, que en nuestros tiempos y densidades, quizála restauración es mucho más prudente que la construcción, y que si ésta llega a tener lugar, debe ser extremadamente responsable y respetuosa de las necesidades de nuestras ciudades y paises. No hay más lugar ni espacio para otro tipo de diseño y arquitectura.
martes, 28 de septiembre de 2010
La muy noble y leal Zacatecas
Balaceras, ejecuciones, levantones, extorsiones, amenazas a la prensa, secuestros, enfrentamientos entre militares y sicarios, despliegues de la policía federal…Duele demasiado ver esta realidad tan contrastante con aquella que recordamos todos hace no más de cinco años. No puede romantizarse al estado, siempre ha tenido sus lastimosas carencias; su pobreza en el campo, su aridez, su rezago, su forzada migración. Sin embargo, la dupla formada, como en varios otros estados, por el gobierno local y federal ha resultado mucho más que desastrosa, arrastrándonos así, hasta un estado irreconocible y lejano, ya no muy noble, ni muy leal, como nos gustaba titular a nuestra capital.
“La Gran Chichimeca” de Aridoamérica, tierra que vio nacer a grandes mentes, existía atiborrada de riqueza mineral y plata en sus entrañas, atrayendo así gran codicia, y en su tiempo, alimentando fuertemente a la Corona Española. A raíz de la explotación de minas, surgió entonces, la impresionante arquitectura colonial y religiosa que caracteriza y dio abolengo a la ciudad que es guarecida por el renombrado cerro de La Bufa. Pero desde entonces, y como premonición de lo que venía, Zacatecas fue saqueada, usada como campo de batalla en repetidas ocasiones (por más honrosas y memorables que hayan podido ser dichas batallas), dividida en el siglo XIX, y despojada de su tierra fértil, ahora conocida como Aguascalientes, debilitando así, fuertemente su economía.
Así, nuestra tierra flanqueada por dos sierras y cubierta de cactáceas, junto con su capital, nombrada “Patrimonio Cultural de la Humanidad”, gracias a su exuberante barroco novohispano, con su Plaza Goitia, sus callejones legendarios, su Teatro Calderón y su hermosísima Catedral de cantera rosa, dedicada a la Virgen de la Asunción, han dejado de ser reconocidas por su belleza y cualidad de tranquilidad provinciana para convertirse en zonas de incertidumbre y temor. El derroche y nepotismo de sus gobernantes, especialmente los más recientes, la han dejado con enormes deudas no sólo económicas, sino también políticas y sociales, robando así a sus habitantes incluso de la fe y esperanza que los ha caracterizado por muchísimos años.
Aunado a esta situación, Zacatecas hoy no sólo sufre de males como la pobreza y la migración, sino que exacerbados estos trastornos, y desatada la guerra federal en contra del narcotráfico, el estado se ha convertido en hogar de organismos delictivo sin escrúpulos y deseosos de apoderarse de este territorio, entre tantos otros. Así, la inseguridad ha crecido exponencialmente en los últimos años, sobrecogiendo y afligiendo a los pobladores de este gran estado de tierra colorada. Zacatecas, ha dejado de ser un refugio para habitantes de otras entidades que encontraban en este sitio un lugar seguro y tranquilo para vivir y se ha convertido ya no sólo en éxodo de campesinos humildes al extranjero sino también de todos aquellos que no sólo por falta de oportunidades abandonan este territorio, sino también por temor y falta de seguridad social.
Sería errado pensar que puede tenérsele fe a nuevos gobiernos o nuevas decisiones políticas para que cambie el rumbo de la sociedad zacatecana y su futuro. Falta quizá en Zacatecas, más allá de tenerle fe a la política burocrática y acomodaticia que reina en la entidad, un movimiento social que luche por recuperar y demandar una vida digna, llena de tranquilidad y oportunidades; el crecimiento de este gran estado está condicionado a la desaparición de la indiferencia ciudadana. Sólo puede esperarse que la añoranza por el pasado, que algunos de nosotros tuvimos, nos mueva a lograr un futuro mucho más promisorio para todos los habitantes de esta bella ciudad y de este gran estado.
lunes, 20 de septiembre de 2010
200 años después… entre la realidad y Disneylandia
Pero el Gobierno Federal no podía quedarse atrás, no aceptaría ser vencido por los hurras a favor de Andrés Manuel López Obrador y su grito de Independencia. Tampoco sería vencido por ninguna cifra malintencionada de los pesimistas que no apoyan fielmente sus proyectos y con ellos el bien de su país (que no el nuestro). Sabía que los festejos al estilo Televisa no serían suficiente. En este Bicentenario no podía más que tirarse la casa por la ventana con la ayuda, el consejo y la dirección de empresas transnacionales para poder sentirnos primer-mundistas con un festejo a la altura; para sentirnos un país progresista y con futuro. No ha importado, en estos meses de festejo patrio, que tan alejados estemos de los sueños y aspiraciones de nuestros héroes independentistas y revolucionarios, ni cuántos millones de mexicanos se encuentren en pobreza extrema, sin servicios de salud o sin educación; mientras haya dinero para suficiente fuego y luz en el aire, podemos estar confiados de que México estará bien.
Sin embargo, ni con todo el apoyo televisivo, empresarial, y hasta extranjero, pudo Calderón salvarse de los típicos revoltosos colados que arruinarían sus eventos de primera categoría. Si no se le abucheó en el Distrito Federal, donde más se le critica, quizá porque sólo dejaron entrar a los estrictamente necesarios a la plaza pública que es el Zócalo, o porque muchos de los enemigos de la nación se encontraban en Tlatelólco; en Dolores Hidalgo no se salvó de rechiflas y “¡…uleeeros!”. Aparentemente, ni la famosísima Banda El Recodo pudo mantener a la audiencia suficientemente contenta aquel día en el que se dictaba que no podía hacerse más que celebrar. Parece ser que la concurrencia no notó sinceridad en la lectura de Calderón cuando repitió las palabras dichas por Hidalgo hace 200 años, esas que hablaban de emancipación y libertad, y a falta de esperanza para alcanzar dichos anhelos, gracias a nuestro actual estado neocolonial y mucho menos que soberano, se prefirió gritar vivas al Chapo o a Malverde, y ¡muerte al mal gobierno!
Pero regresando unas horas antes, y a unas cuadras al norte del evento V.I.P. en la alfombra roja mexicana de Palacio Nacional, como la llamó el cada vez más decepcionante Canal 11, donde se festejó como nunca y no se permitió que el verdadero presente, ni el pasado estorbaran, y donde se llamó, por sobre de todas las cosas, a la unidad nacional, sin reconocer la existencia de dos Méxicos abismalmente separados, se escucharon cantos de protesta en voz de cantantes populares como María Inés Ochoa y las Adoradoras de Villa, se recordó y conmemoró la lucha histórica del pueblo mexicano en pos de la justicia y se reafirmó la determinación y esperanza para terminar con la actual decadencia de nuestro México, un México que debiera ser de todos y para todos. Con menos gente, y mucha menos fanfarria, no dejó de sentirse el ánimo de la gente. En un ambiente familiar y entre puestos que vendían artesanías, libros, documentales, La Jornada y El Proceso, la gente escuchó atenta y respetuosa el breve discurso, animándose así a echar porras al movimiento lopezobradorista hasta dos líneas de metro después, camino a su casa, sin haberse emborrachado o quedado cegados por celebrar festejos al estilo Mickey Mouse, pero llenos de esperanza en que su determinación y sus gritos desesperados cobren fuerza y moldeen a su país en uno justo, libre y soberano, por fin, tal vez, después de más de 200 años de lucha.
viernes, 3 de septiembre de 2010
En pos de recuperar nuestro país
Los ideales en los cuales se basa este proyecto pretenden crear un nuevo estilo de vida fundado en la igualdad, el bienestar y la felicidad; uno en él que no sólo se garanticen los mínimos estándares de vida, sino una vida plena en todos sus aspectos, como el cultural y el recreacional, entre varios otros. Con el fin de lograrlo se reconoció la urgencia de atender múltiples problemas como el de la corrupción y la carencia de austeridad republicana; el hacer efectiva la democracia promoviendo un pensamiento crítico y respetando el hecho de que la soberanía reside en el pueblo; remediar nuestro atraso y carencia en materia de derechos humanos; atender los problemas ambientales con los que nos estamos enfrentando; promover y respetar la diversidad cultural; recuperar nuestro lugar en América Latina, diversificar nuestras relaciones y equilibrar las existentes como en el caso de nuestra relación con Estados Unidos; democratizar el acceso a los medios de comunicación; replantear nuestro modelo económico en donde el principal indicador económico sea el nivel de vida de los mexicanos fortaleciendo así el tejido social, conduciendo el desarrollo y la competitividad; combatir los monopolios; abolir los privilegios fiscales para redistribuir la riqueza con justicia; reanimar al sector agricultor; luchar por el derecho de educación superior para todos los mexicanos, así como un sistema de salud universal, etc. Todos estos puntos se basan en un profundo sentimiento de amor a nuestro país y su gente, porque como lo dijo el Che Guevara: “Ser revolucionario implica, ante todo, un profundo sentimiento de amor”.
Otro de los temas que se tocaron en la conferencia tuvo que ver con la explicación del porqué se busca conseguir todo lo anterior mediante la vía electoral, esa que ya probó inefectiva en el pasado. Se pone como ejemplo el triunfo obtenido por algunos países en Latinoamérica, aun aceptando que tenemos en nuestra desventaja la enorme tentación injerencista del país con el que compartimos más de dos mil kilómetros de frontera. Más aparte, cómo luchar mediante la vía democrática en un país en donde no hay democracia ni estado de derecho; un país en emergencia nacional en donde incluso se niega el derecho a la vida por su inseguridad, más allá de sus carencias en el ámbito político, económico y social. Ésta es una discusión muy compleja y ha resultado difícil argumentar y convencer a muchos de los seguidores del movimiento que la vía electoral es verdaderamente la opción necesaria a seguir; es increíblemente frustrante el intentar creer en instituciones y sistemas políticos que son en gran parte los responsables de la debacle del país. Sin embargo, el argumento que se ofrece desde dentro del movimiento lopezobradorista, llega a ser alentador y lleno de sentido. En él se propone y se esperanza en la organización popular ciudadana, en el movimiento social y el empoderamiento ciudadano. Se llama a ser partícipes de un proceso constituyente que cree un poder social y unifique a los distintos grupos sociales.
No cabe duda que los líderes son necesarios muchas veces para organizar masas y encausar sus energías y demandas. Pero su labor termina ahí, es entonces que los movimientos sociales y la gente que los conforma logra empoderarse de su destino. Es así como desde las calles se logró que se eliminara el desafuero o que se frenara la privatización total de la industria petrolera. No debe menospreciarse la fuerza de los mexicanos que aun absorbidos y atareados con la supervivencia diaria, hemos logrado cambios importantes. No debe pensarse que al final todo da igual cuando se sufre una derrota y se quebrantan sueños. No podemos archivar nuestros triunfos y abandonar nuestros ideales, aún hay mucho que hacer, muchos héroes que remplazar y mucho que limpiar para lograr un proyecto alternativo de nación que beneficie a todos los mexicanos y nos permita recuperar el país que nos ha sido arrebatado.
miércoles, 18 de agosto de 2010
23-24
Podrán estas narraciones sonar muy personales pero los que vivimos en la Ciudad de México sabemos que nada es personal y todo es público. Lo sabemos los que estamos concientes de que en esta urbe es más probable ser atropellado que asaltado; los que tenemos que defendernos de clacksonasos diarios al cruzar la calle; los que sentimos que un trayecto de media hora es como ir a la vuelta de la esquina; los que en tres trayectos diarios perdemos el día (o lo ganamos si tenemos un libro a la mano); los que nos ensardinamos en el metro, metrobus, micros o peseros (pero aun así lo preferimos a desperdiciar pulmones, energía y bilis como automovilistas); los que ya nos acostumbramos a dormir en medio de sirenas y camiones mal afinados; los que ya olvidamos lo que significa el espacio vital personal; los que ya nunca vemos una tarde de cielo azul…
Pero todos nosotros también recibimos bendiciones diarias; fiestas de sabores y colores al probar un elote de grano grueso en la Alameda, justo detrás del Hemiciclo a Juárez; un diablito enchamoyado de Ciudad Universitaria; un churro relleno en el Jardín Centenario en el centro de Coyoacán; una gorda de chicharrón prensado en la calle de Oaxaca en la Condesa; o cualquiera de los restaurantes que se encuentran sobre la pintoresca Álvaro Obregón en la Colonia Roma. Y qué tal las noches de ronda en las cantinas del Centro Histórico; en los bares de la Condesa o Coyoacán; o ya de plano en los antros de la Zona Rosa.
Qué tal las tardes en el Museo Nacional de Antropología e Historia, en el Rufino Tamayo, el de Arte Moderno o el Estanquillo; qué tal caminar por Reforma y llegar hasta Chapultepec; entrar a una exposición o concierto en Bellas Artes, o simplemente admirarla por fuera mientras te tomas un jugo de naranja recién hechicito; a quién no le gusta caminar por Madero hacia el Zócalo en Domingo aun quedando asfixiado por tanta gente; quién no ha sentido un nudo en la garganta al salir del Metro Zócalo en una tarde de viento y ver hondeante nuestra bandera sobre la gran plaza. Qué tal caminar hacia el Templo Mayor viendo bailes prehistóricos y aspirando copal o caminar sobre la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco y recordar el 68; o tirarse en el pasto de Ciudad Universitaria o en el Centro Nacional de las Artes; qué tal ir al Bazar del Sábado en San Ángel o tener la opción de ver diez obras de teatro diferentes al día.
También existe la posibilidad de estar muy cansado para aprovechar todo lo que la ciudad ofrece, de estar engentado, de estar harto, temeroso o deprimido. Pero creo que ese no es el sentir generalizado, creo que el caos que vemos a diario nos demuestra lo contrario, gente fuerte, gente que lucha por una vida mejor, gente lista para recibir todas las sorpresas que el DF pueda darle, gente que nunca se cansará de esta ciudad porque nunca terminará de conocerla.
lunes, 9 de agosto de 2010
Diseño sin fronteras
Architecture for Humanity surgió en 1999 en Nueva York con la iniciativa de Cameron Sinclair, arquitecto y escritor del libro “Design Like You give a damn”, y su preocupación por el problema de refugiados regresando a Kosovo y la necesidad de construir un proyecto de vivienda apropiado para dicha situación. Desde entonces se han realizado múltiples proyectos alrededor del mundo, en especial en África y Asia, que actualmente se extienden para aliviar situaciones como el huracán Katrina o el terremoto en Haití. En la Ciudad de México se pretende buscar proyectos para aliviar los problemas urbanos de las zonas más marginadas del Distrito Federal y más aun sus zonas conurbadas que son generalmente las más pobres y relegadas. Con este objetivo en mente se planea trabajar en conjunto con universidades, despachos e instancias gubernamentales para llevar los proyectos acabo. Al mismo tiempo se planea abrir competencias con el objetivo de innovar diseños que alivien desastres naturales.
Contribuyendo con este proyecto se encuentran personalidades y despachos como el del arquitecto egresado de la Universidad Iberoamericana, Juan Casillas, Laboratorio de Arquitectura Básica MX. Su equipo se dedica a diseñar, construir y transmitir conocimiento para el desarrollo de asentamientos humanos sustentables, mediante la implementación de tecnologías apropiadas y resolviendo problemáticas en el área de vivienda, agua, energía, alimentos, manejo de residuos y educación ambiental. La labor de este grupo de profesionistas es admirable y basada en tecnologías simples y al alcance de todos, al igual que al reciclaje a la hora de construir. Sus proyectos se extienden a lo largo y ancho de la república, tanto en zonas urbanas como rurales en el Estado de México, Morelos, Oaxaca, etc., con la idea de ser construidos por las comunidades a las que sirven para que de este modo puedan replicarse fácilmente en el futuro cercano.
Algunas de las premisas a seguir en estos proyectos es el usar materiales locales, de fácil alcance y casi en su totalidad reciclados como pacas de paja, barro local, postes residuales de teléfono, huacales o botellas residuales de PET que rellenas de tierra sirven para el mismo propósito que los ladrillos, transformando así, residuos en recursos. Al mismo tiempo se diseñan espacios para utilizar al máximo la ventilación e iluminación natural y se habilitan hortalizas orgánicas, compostas, deshidratadores solares, cisternas de ferrocemento para la captación pluvial (usadas desde tiempos ancestrales en pueblos mayas) y sanitarios secos. En algunos casos se llegan a implementar sistemas más sofisticados como los de energía fotovoltaica como fue el caso de un edificio residencial en la Colonia del Valle en la Ciudad de México que fue construido en su totalidad con muros de paja y barro, con un diseño del despacho Taller 13, conocido por crear diseños que promuevan una mejor calidad de vida y la mejora del medio ambiente.
Como el Arq. Juan Casillas, la esperanza es que se sumen varios profesionistas y estudiantes más con el propósito de hacer realidad los proyectos y las expectativas que se tienen en el capítulo de Architecture for Humanity, Ciudad de México. Se tendrá también que trabajar con nuestros gobiernos a todos los niveles, lo cual representa un reto indudable. No cabe duda que hay mucho por hacer y los obstáculos para lograr cometidos nobles y en pro del país son muchos, tanto para esta organización como para muchas más preocupadas por el desarrollo y bienestar de México y el mundo. Sin embargo, en la lucha se encuentra gente capaz de afrontarlos para crear un entorno más sustentable y justo, con menos carencia y sufrimiento, y la esperanza es que cada vez se encuentren más de estas organizaciones y profesionistas en cada rincón de nuestro país para construir el México que necesitamos y merecemos.
