martes, 26 de junio de 2012

1ero de Julio del 2012

Sé que para muchos, lo que comparto en materia política y social puede parecer excesivo. Lo hago por lo trascendental que para mí resulta, particularmente en estos momentos. Si en el 2006 me encontraba increíblemente nerviosa por las elecciones, en estos momentos me sorprende mantenerme de pie y con esperanza, ya que el triunfo de la izquierda el 1ero de Julio tiene poderosos opositores. 


Sin embargo, me mantengo en la lucha porque tengo la firme convicción de que aunque parezca que hemos tocado fondo como nación, si EPN llega a la presidencia las cosas seguirán empeorando, lo cual me duele y preocupa profundamente. Si con todas las trampas electorales que han tenido y tendrán lugar el próximo domingo, como las que me tocó presenciar en los pasados comicios del Estado de México, ganara AMLO, nuestro país no cambiará de la noche a la mañana, pero estoy segura que poco a poco y con mucho esfuerzo de todos, podríamos vislumbrar un mejor futuro.

Si algo me da esperanza de que los mexicanos recapacitemos y le demos nuestro voto y confianza a López Obrador es su gabinete y algunos personajes que han comenzado a rodearlo. Los hijos del reconocido líder panista Manuel Clouthier son sólo dos ejemplos, aparte de intelectuales, académicos, escritores y artistas, que saben que no hay más opción para el bien de nuestro país que la izquierda. Una izquierda como la de Brasil, que todos han alabado, pero ni PRI ni PAN han seguido políticas como las que sacaron a millones de Brasileños de la pobreza para moverlos a las clases medias y reactivar de forma impresionante con ello la economía de este país sudamericano.

No me queda más que soñar en esta ciudad de la esperanza, donde es más fácil creer que un cambio verdadero es posible. Sé que por mi parte no queda mucho por hacer en materia electoral estos próximos días, pero seguiremos en una lucha constante por la mejora y el despertar del país. Y fuera de broma o eslogan electoral, el cambio sí está en nuestras manos, nadie más podrá redimirnos.

sábado, 6 de agosto de 2011

Se cae el porvenir

En el mundo hay revuelos ya que sobran motivos para su existencia. Solamente en África, alrededor de doce millones de personas se están viendo afectadas por la sequía y la hambruna. Esto crea una crisis alimentaria y humanitaria que nos concierne a todos y no es exclusiva de un solo continente o país. Esta realidad lleva años existiendo, y lo que es peor, lleva décadas incrementándose la gravedad de la inequidad e injustica alrededor del mundo. Al ver la situación del Cuerno de África, todo lo demás podrá parecernos poca cosa, pero afortunadamente ya muchos no lo ven así. Yo argumentaría que la situación en nuestro país no se queda para nada atrás, y en algunas cuestiones puede que sea incluso peor. Por consecuencia, nos encontramos en las noticias con el rompimiento del diálogo entre el Movimiento por la Paz de Javier Sicilia y el Legislativo, por haber el segundo incumplido su palabra al excluir las voces y propuestas del contingente en el dictamen de la Ley de Seguridad Nacional. El desenlace y el fruto que provenga de este gran esfuerzo ciudadano, ya desde hace tiempo es poco esperanzador, ya que desde un principio supimos que los poderes fácticos de nuestro país no tienen la más mínima intención de reconocer ni tomar en cuenta los intereses de su país y sus conciudadanos.

Porqué será entonces que en países cuya situación es claramente mejor a la nuestra, estamos observando más conmoción. En parte podrá ser, desafortunadamente, porque en países como Chile y España estamos viendo una represión irracional e injustificada. Pero cuáles son las demandas. Las mismas del resto de la población mundial, como lo vimos hace algunos meses en Egipto: mayor acceso a la educación pública y de calidad, mejores y suficientes oportunidades de empleo, mayor aporte estatal, que se deje de lucrar con el sector público… una salida a la pobreza y hundimiento que parece nos alcanzará práctica y eventualmente a todos. Será justo que se encarcele y agreda a manifestantes que piden tan elementales y lógicas demandas, o que en el mejor de los casos, aquí y en todos lados, los gobernantes responden fría y mediocremente, como si no tuvieran responsabilidad o deber alguno. Y qué sucede cuando nos inconformamos, los ciudadanos del mundo, con tal respuesta: gases lacrimógenos, chorros de agua a presión, detenciones, heridos… Qué se pretende, ¿invisibilizar el enojo, la injusticia, el hartazgo?

Me preguntó cuál será la opinión de un personaje como Sicilia de la situación que ocurre con los chilenos, en su mayoría jóvenes y estudiantes que enfrentan una represión brutal. A todas luces observamos un movimiento más radical que el que se ha conformado en nuestro país, pero esto no es justificante para tal respuesta del estado. En nuestro caso podríamos pensar que nuestro estado es entonces menos represivo, pero esto no es del todo cierto, su indiferencia también es dolorosa. Más aparte, la represión podrá no ocurrir en las manifestaciones que han podido pasar desapercibidas por nuestras autoridades al no prestarles atención, o quizá porque en número no somos tantos. Pero qué decir de la represión y violaciones militares en varios estados de nuestro país. A qué nos ha llevado un movimiento que condena incluso el uso de malas palabras o insultos a una figura presidencial que da material de sobra para despreciar e infamar. Es extremadamente admirable la actitud de una persona que puede resistir y anteponerse al dolor de perder a un ser querido y aun así no sucumbir a la confrontación. Sin embargo, estos personajes surgen en nuestro mundo como la excepción a la regla, la mayoría de los seres humanos necesitamos un desahogo más enérgico al ver que se derrumba nuestro futuro y se nos despoja de un porvenir llevadero. No cabe duda que como escribió Silvio Rodriguez: “La era está pariendo un corazón, no puede más se muere de dolor. Y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir… Debo dejar la casa y el sillón, la madre vive hasta que muere el sol, y hay que quemar el cielo si es preciso por vivir, por cualquier hombre del mundo…”

Agentes de cambio

La organización global Changemakers, o Agentes de cambio, es una que promueve competencias a nivel mundial para identificar y conectar a los ‘innovadores sociales’, por así llamarlos, con los implementadores del cambio, llámense gobiernos, empresarios, profesionistas, etcétera. Podría decirse que esta organización apoya a los emprendedores sociales de este mundo. De este modo, se acaban de anunciar tres ganadores en una competición que se tituló “Vivienda urbana sustentable: Colaborando para lograr ciudades vivibles e inclusivas”. Esta competencia se puso en marcha anticipando la próxima Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Colombia el próximo abril, reunión en la cual varios Jefes de Estado debaten y se comprometen a llevar a cabo acciones para enfrentar algunos de los desafíos con los que nos enfrentamos hoy en día. Como alguien interesada en temas de urbanismo, fue emocionante tan sólo el leer las entradas y la lluvia de ideas que de ellas provenían, así como observar, que si no estuvimos entre los ganadores, México sí tuvo participación y dos entradas de proyectos llegaron a ser parte de los once finalistas (de casi cien proyectos).

Uno de los tres ganadores proviene de Búfalo, NY, en donde el veinte por ciento de sus edificios o viviendas están vacíos o desocupados; las cuentas de gas y electricidad se encuentran entre las más altas del país; más del cincuenta por ciento de los hombres afroamericanos están desempleados; y donde por consiguiente se propone que la esperanza se sustente en una nueva economía verde. El proyecto se llama ‘Zona de desarrollo verde’, y la organización que lo promueve se ha dedicado a revitalizar diversos barrios o colonias al oeste de Búfalo. Se dice entonces, que en este proyecto, no se promueve la sustentabilidad como un modo de vida sino como un modo de supervivencia. Se asegura que no hay mejor manera de prosperar que crear empleos verdes y que transformen el lugar en donde vive una comunidad. Construcción sustentable, rehabilitación, aislar o insular viviendas, hacer uso de tecnologías sustentables como la solar y geotérmica, producción de alimentos a nivel local, transformación de terrenos baldíos en espacios verdes… así es como se plantea proveer de oportunidades económicas, acceso a servicios y alimentación y en general educación y cambio social. No cabe duda, que ante tales iniciativas, instituciones bancarias y públicas no pueden hacer oídos sordos ni dejar de colaborar en el desarrollo de sus ciudades y países.

En Buenos Aires, Argentina, una ciudad de catorce millones de habitantes y fuertes contrastes, casi medio millón de personas pagan renta para asentarse en viviendas informales o abandonadas. Se pagan hasta cinco mil dólares americanos en el mercado negro para construir o comprar cuartos de lámina para que lo habiten familias de seis o más en el afán de tener una especie de refugio. Cualquier lluvia lo inunda todo; el viento se lleva los techos que tienen que ser remplazados por bolsas de plástico; aun cerca de abundantes ríos, el agua es un recurso escaso y casi inexistente para miles de familias, ya no digamos agua caliente, gas o luz; las condiciones de vida son insalubres, precarias e inseguras. Paradójicamente, la capital argentina también está plagada de edificios inhabitables o inhabitados, provocando que incluso distintas familias tengan que compartir una pseudo-vivienda para dormir, cocinar, en fin, sobrevivir. Por tanto, Hábitat para la Humanidad Argentina, ha proyectado el ‘reciclar’ viviendas urbanas para que puedan ser rentadas por miles de familias en necesidad de una vida digna. Con revitalizaciones sustentables y sensibles a las necesidades sociales de la gente, se pretende proveer de oportunidades para que la población marginada deje de serlo.

El tercer ganador en mención, proveniente de Sao Paolo, Brasil, describe a las ciudades como organismos vivientes con grandes sistemas digestivos que muchas veces son ineficientes al acumular basura o no proveer de la vivienda necesaria para sus habitantes. De esta interesante analogía, surgió y se desarrolló un innovador sistema que transforma los desechos en materiales de construcción con el afán de ayudar a sanar los ‘problemas digestivos’ de la ciudad. Esta tecnología patentada combina desechos con resinas orgánicas para producir materiales de construcción renovables para edificar viviendas no sólo sustentables, sino también económicas para una porción de la sociedad que necesita de ellas. Pero su labor no ha parado en la producción de materiales, sino que los Curadores da Terra, han desarrollado tres leyes de ‘Cero Desechos’, para así pavimentar el camino a la reproducción de sus iniciativas a nivel nacional.

Los anteriores son ganadores al haber presentado los tres proyectos más completos e íntegros en la creación y diseño de vivienda urbana sustentable. Sin embargo, son muchos más los ganadores al haber puesto en la mesa propuestas, ideas y diálogos que deben forzar a los líderes de América y el mundo a convertirse en propulsores de cambio, innovación y sustentabilidad, tanto social como ambiental. En general, al revisar los proyectos nos damos cuenta que las estrategias planteadas son cuidadosamente aplicadas a las condiciones y necesidades de una región en particular, pero que, sin embargo, existen verdades universales que podrían replicarse en otros rincones del mundo. Qué fue entonces lo que se propuso para nuestras ciudades y país.

En México, uno de los proyectos finalistas se enfocaba en la ciudad de Aguascalientes, misma que ya presenta problemáticas de expansión urbana mal planteada, transporte, congestión vehicular, etcétera. Frente a este escenario, el enfoque es un proyecto de vivienda de interés social que promueve el uso mixto del suelo (residencial, comercial, laboral, etcétera), una urbanización peatonal, fomento al uso de transporte sustentable (como la bicicleta), alta densidad, suficiente espacio público, y transporte público eficiente y conectado al resto de la ciudad. Se afirma, que desde el año pasado, se han puesto en marcha varias de estas recomendaciones en la capital hidrocálida, lo cual sería un gran ejemplo en un país cuya vivienda social es frecuentemente relegada a las afueras de la ciudad, alejada de servicios y carente de vitalidad, conforte y oportunidades para sus residentes.

En Tabasco también se presentó una iniciativa que hasta el momento ha auxiliado a alrededor de cincuenta familias a construir sus casas. La organización Ecoblock International ha asistido en la construcción de viviendas sustentables prestando una maquinaria que elabora de manera inmediata ladrillos de tierra compactada o Eco-blocks, cien por ciento ecológicos. Se apoya de esta manera el trabajo de diversas comunidades con maquinaria y voluntarios para que mediante el diseño participativo se logre un sistema constructivo ecológico. Al final del día, varias familias se quedan con un patrimonio sustentable. Si tan sólo se recibiera el apoyo necesario del gobierno, sería inimaginable el alcance que tendrían estas acciones que ahora se limitan a unos cuantos cientos de personas.

Pero las buenas ideas nos inundan también más allá de nuestras fronteras. En India, uno de los proyectos finalistas se centra en los barrios bajos o slums de diversas ciudades de este país, en donde se pidió al gobierno e instituciones privadas invertir en servicios básicos para las comunidades más marginadas. El resultado ha sido que las poblaciones que antes utilizaban gran parte de su tiempo y esfuerzo en recolectar agua para sobrevivir, ahora se ha convertido en posibilidad de trabajo e ingreso o educación para miles de hindús en los últimos años. Otro proyecto finalista en India se centró también en la problemática de los barrios bajos o arrabales, lo cual no es de extrañar ya que es en donde viven alrededor de un billón de personas a nivel mundial. A estos lugares de informalidad, pobreza, hambre y enfermedad, se les puede ver también como comunidades de gran intercambio y solidaridad social e incluso económica. Por consiguiente, en el afán de acercarnos a ciudades socialmente inclusivas, se ha propuesto proveer a estas comunidades, que generalmente son excluidas del sistema financiero, de micro-préstamos y financiamiento para que puedan acceder a una vivienda legal, segura y digna. Paralelamente, se les da asesoría de diseño, ingeniería, costo y materiales para mejorar las condiciones en las que viven.

Continuando con ideas esperanzadoras, en Kenia se propone trabajar en la creación de una red de espacios públicos productivos que sean sustentables ambiental, social y económicamente. Terrenos que habían sido por años basureros, se convierten, con el trabajo y la colaboración de la gente, en jardines, salones educativos, espacios de juego o esparcimiento, etcétera. Casi al otro lado del mundo, en Haití, después del terremoto que devastó al país el año pasado, organizaciones nacionales e internacionales comenzaron a inspeccionar el daño estructural de cientos de edificaciones, con lo cual se observaron los mismos errores constructivos una y otra vez. Por consiguiente, se ha estado entrenando a miles de trabajadores para construir edificaciones resistentes a futuros terremotos.

Debe reconocerse, que en la mayoría de los casos, es la sociedad u organizaciones civiles los que brindan iniciativas y soluciones a las problemáticas que nos aquejan hoy en día. El hecho es inaceptable, ya que deberían ser los gobiernos de cada país, los que dieran solución y alivio a nuestros malestares, o mínimamente, un mayor apoyo a las ideas que, ahora nos damos cuenta, no faltan en el planeta. Sin embargo, es bueno darse cuenta, aunque pueda parecernos imperceptible cuando nos encontramos rodeados de malas noticias, injusticia, inequidad y desesperanza, que el cambio se está dando en varios y diversos rincones de nuestro dolido planeta.

martes, 12 de julio de 2011

Seamos realistas y hagamos lo imposible

“La única lucha que se pierde es la que se abandona.” – Ernesto ‘Che’ Guevara

Tengo que admitir que me he encontrado falta de inspiración y entusiasmo para escribir, como casi a diario lo hago, acerca de temas que me parecen relevantes; no cabe duda que la inspiración es necesaria para cualquier redactor y no sólo para los que escriben poemas sublimes o composiciones armónicas. Si bien intento siempre escribir de temas que me son familiares y de los cuales tengo conocimiento o aproximación a ellos por mi profesión, en esencia para mí tienen un profundo contenido social y hasta político. Puede no parecer así a simple vista, pero mi compromiso e ideal es el luchar desde mi trinchera por un mejor panorama para mi entorno, país y más allá, en todos los sentidos. Pero, debo decirlo, aunque siempre he sostenido que la esperanza y la lucha deben ser lo último que muera, ya que sin estos componentes todo pierde sentido, en estos momentos lo veo todo gris, oscuro, nublado, frío… esta realidad me duele de sobre manera. Algunos de ustedes podrán ya suponer que parte de mi ánimo se debe a los comicios que acaban de darse el fin de semana pasado en diferentes regiones de nuestra dolida nación, y no se equivocan. Sin embargo, no estoy segura de tener nada que decir o querer hacerlo; habiendo leído y escuchado un sinfín de opiniones en los días pasados, me encuentro sin energía o disposición para elaborar más al respecto.

Sin embargo, este show llamado vida debe continuar, y de este modo, mi esperanza (así como un gran miedo, debo aceptarlo) se resguarda en la ciudad que me ha dado cobijo en los últimos tres años; una que admiro y de la cual he aprendido y disfrutado enormemente. Con todos sus bemoles, veo en la capital de nuestro país la apertura y el progresismo que podría, algún día (esperemos no muy lejano), sacarnos adelante. En la posibilidad de que esto suceda, desafortunadamente se nos cruza nuevamente en nuestro camino una disciplina que debería ser gloriosa y en cambio es casi siempre infame, la política. Junto con las elecciones para elegir al ejecutivo federal el próximo año, donde me gustaría utópicamente pensar que todo puede pasar y realísticamente prefiero sacarlas de mi mente, se decidirá también el futuro de la capital mexicana mínimamente por seis años, o quizá por mucho tiempo más. No pretendo hacer un análisis político ya que ni estoy calificada ni dispuesta. Lo que sí me gustaría es que los que formamos, de una u otra manera, parte de esta gran urbe, comencemos seriamente a analizar qué es lo que necesita esta metrópoli primero y nuestro país después, para alcanzar un futuro viable y alentador. ¿Qué se ha hecho bien? ¿Qué se ha hecho mal? ¿Qué no se ha hecho?

Claramente, yo puedo decirles que mi visión considera que no hay más alternativa que la izquierda, para todas y cada una de las regiones de nuestro país, creo que una buena porción de Latinoamérica nos lo ha demostrado, junto con nuestras múltiples derrotas ahora que nos encontramos pegados a la derecha. Pero qué significa esto en términos reales para encontrarnos en una ciudad y país que nos haga sentirnos seguros y prósperos. Qué componentes o políticas ayudarán a nuestra economía y viabilidad social. Varios expertos y políticos han comenzado a opinar (o a hacer campaña). Pues bien, regresando a mis temas en cuestión urbana existen muchos puntos a analizar: movilidad, desechos urbanos, acceso al agua, informalidad, servicios básicos, infraestructura, obra y espacios públicos, inequidad social, educación cívica y urbana, oportunidad e interconexión social, participación civil, sustentabilidad, turismo, apoyo a ciencia y tecnología, apoyo al sector cultural… En fin, hay mucho que hacer, sin dejar de reconocer que algunos caminos ya se han comenzado a trazar. Para lograrlo, nuestros próximos gobernantes no sólo necesitarán un conocimiento profundo de estos y muchos otros temas más, sino que también deberán estar rodeados de profesionistas capacitados y no de amistades, adeudos de campaña o intereses particulares. Sólo el compromiso público a corto, mediano y largo plazo deberá imperar.

El rumbo que debemos de seguir como sociedad-gobierno, en una de las ciudades más grandes y habitadas del mundo, es aquel que nos conduzca a más y mejores iniciativas de transporte público; recuperación de espacios verdes y públicos; acceso a vivienda digna (entre otras cosas como salud y educación); revitalización y cuidado de zonas rurales en la ciudad; reducción de emisiones de gases de efecto invernadero; recarga de mantos acuíferos; protección de suelo de conservación; recolección de aguas pluviales; mejor manejo y cuidado de nuestros recursos naturales; tratamiento de aguas; participación ciudadana en la política pública; erradicación del analfabetismo; oportunidades para las nuevas generaciones; etcétera. Cuando los gobiernos implementen las políticas públicas antes mencionadas de manera eficiente y completa, será cuando podamos empezar a ver el amanecer y un rayo de luz después de la tormenta. Pero eso no sucederá a menos de que nuestra exigencia y demanda sea dura, persistente e inamovible.

“Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro.” – Ernesto ‘Che’ Guevara

lunes, 4 de julio de 2011

Mejor crear que copiar

Hace un par de días me topé con la noticia de que desarrolladores en China se encontraban en el proceso de construir una réplica exacta del pueblo austriaco Hallstatt en la provincia de Guangdong ubicada en la costa sur del país asiático. Obviamente la idea me pareció absurda y más aún al darme cuenta de las críticas e inclusive los posibles problemas legales a los que se enfrentarían por copiar desde tiendas hasta viviendas a la medida exacta. Sin embargo, apenas una semana más tarde, me encuentro con que en un pequeño poblado de Israel se pretende hacer lo mismo con el pretexto de que el lugar necesita ser ‘revitalizado’. El lugar se llama Yehud y se encuentra al este de Tel Aviv; inconforme con su identidad, su alcalde pretende transformarlo en el distrito Bella Lugano, y adaptarlo a la imagen de la ciudad de lengua italiana y nacionalidad suiza del mismo nombre. No puedo más que conjeturar, que si va a comenzarse este proyecto debe ser porque los recursos son suficientes y permisivos, pero sobre todo, porque no existe la visión política, arquitectónica ni urbana para pensar en un millón de maneras distintas y mejores de gastar el dinero para revitalizar un poblado o ciudad.

El alcalde Yossi Ben David afirma que su estímulo proviene de la “magia que irradian las ciudades europeas” que lo inspiran a crear el más grande y ambicioso proyecto urbano en Israel. Yehud, ciudad construida sobre las ruinas de un antiguo pueblo árabe, ha sido descuidada hasta convertirse en un vejestorio que acciones simplistas, como la de abrir malls, han sido claramente insuficientes para atraer población, comercio y vitalidad. Entonces ahora se ha decidido tomar acciones drásticas (aunque sin mucho fundamento), como el demoler su centro histórico, contenedor de una mezquita antigua. En su lugar se pretende construir altos edificios departamentales y tiendas cuya personalidad será regida por pórticos y columnas de diseño neoclásico. Las plazas serán cubiertas por árboles y fuentes (pieza arquitectónica favorita del alcalde), junto con otro tipo de elementos apropiados por su belleza y valor histórico. Y qué pasó con la cultura local, árabe o israelí. Deberá de suponerse que no es lo suficientemente digna para el fantasioso alcalde. Un ejemplo más será este lugar de nuestra obsesión con el espectáculo y la fantasía (i.e. Las Vegas), más que con la sustentabilidad ambiental y social.

Esto es lo que pasa cuando las ciudades las planean o construyen las inmobiliarias y los bienes raíces en lugar de profesionistas y urbanistas comprometidos con el desarrollo saludable de una ciudad. Por un lado es cierto que hay mucho que aprender de muchas ciudades europeas, pero el copiar su estilo no nos llevará a ningún lado cuando cada rincón del mundo tiene su personalidad e historia. Tomemos a un país como Dinamarca como el ejemplo supremo de sustentabilidad en el mundo. En Copenhague, su capital, casi un cuarto de su población usa la bicicleta para ir a trabajar; la ciudad está inundada de plazas públicas y parques; prácticamente toda la ciudad es amigable al peatón; y para el 2050 planea usar cero combustibles fósiles (gas, carbón, petróleo). Es verdad que no es una ciudad densamente poblada, pero no cabe duda que sus principios pueden y deben ser replicados alrededor del mundo (bajo un estricto análisis que se adecue a cada región). Pero no por esto vamos a cubrir al mundo entero de torres medievales, iglesias barrocas o arquitectura del siglo XVIII y XIX (fascinada a su vez con los estilos neoclásico, rococó y gótico), diseños característicos de la capital danesa, cuya mezcolanza es prueba de que cada época de la historia humana y cada región del mundo debe tener su espacio y personalidad.

Es indudable que los tiempos modernos requieren de gran creatividad e innovación para encaminarnos hacia un futuro viable. Si la nueva ciudad israelí se cimenta en una adoración visual muy probablemente fracasará en el intento de renovarse y recobrar la vitalidad perdida. Sin embargo, si su fundamento es la admiración por lo que se ha hecho correctamente en otras partes del mundo, (uso mixto en centros urbanos, ciudades que se acerquen al peatón y se alejen del coche, etcétera), entonces quizá podrá caminar hacia un futuro más prometedor. Es como lo ven los daneses, sacrifican una gran parte de sus salarios pagando impuestos para recibir a cambio un lugar limpio, saludable e increíble para vivir. Ojalá esta visión de las cosas fuera una lección para nosotros y nuestros políticos e implementadores de políticas públicas.

Choque de ideas

En múltiples artículos, ya sea de manera central o secundaria, he construido el argumento de lo negativo que resulta el uso excesivo del automóvil para nuestra salud personal y ambiental, particularmente en grandes urbes como lo es la capital de nuestro país. Sin embargo, me gustaría retomar el tema una vez más. El día de hoy, miércoles 29 de junio, se dio un debate apasionado en las páginas del New York Times, surgido por el artículo del urbanista norteamericano Sam Staley, ‘The Right to Travel’ (‘El derecho a viajar’). Su argumento nos orilla a dos conclusiones: que el señor está fuertemente subsidiado por compañías petroleras y/o automotrices, o que quiso establecer un record de comentarios en contra de él por gran parte de sus colegas y de su disciplina. Staley afirma que los urbanistas europeos, al desalentar el uso del automóvil, implementan políticas sin pensar en la gente, a la cual, afirma, le brinda una mayor satisfacción y movilidad el usar su automóvil personal, que lo que le brindaría cualquier otro medio de transporte. También asegura que el transporte público incrementa los tiempos de transporte y reduce la accesibilidad de las personas a trabajos y servicios. Por consiguiente, en su conclusión asevera que el gobierno norteamericano es más sensible y responsivo a las necesidades de su sociedad que los gobiernos europeos.

Tales declaraciones son impactantes al saber que, fuera de contadísimas excepciones, el transporte público en la mayoría de las ciudades estadounidenses es infame, costoso y casi inexistente. Paralelamente, aunque pensemos que en la Ciudad de México somos los únicos que sufrimos, en varias urbes de Estados Unidos (quizá la más notoria de ellas sea Los Ángeles), el tiempo promedio que pasa un individuo en su automóvil es de dos a cuatro horas. Por tanto, obviamente las declaraciones de los miembros del ríspido debate en el NY Times no tardaron en llegar. Se cuestionó si el autor del artículo habría alguna vez recorrido el centro histórico de alguna ciudad europea y se sostuvo que la disminución del uso del automóvil crea ciudades verdaderamente habitables y disfrutables tanto para residentes como para turistas. Otro de los argumentos respondía que ciudadanos de grandes urbes como Tokyo o Londrés sabían que al estar en un apuro la opción era el uso del transporte público que agiliza y no entorpece su movilidad. Otro ejemplo que se puso a relucir fue el de países como Dinamarca o Suiza, cuyos gobiernos promueven un desarrollo urbano compacto y el uso del transporte público porque hace sentido económico, social y ambiental (los habitantes de Zúrich VOTARON por el plan de restricción del automóvil, no se les impuso). La densidad de la mayoría de las ciudades europeas, junto con el esfuerzo que han puesto en proveer de transporte público eficiente y suficiente permite que sus habitantes tengan la opción y libertad de dejar sus automóviles en casa. Estas personas no se ven forzadas bajo un esquema socialista como quiso ejemplificarlo Staley, sino que realmente prefieren usar el transporte público (donde pueden leer o descansar mientras se transportan en lugar de estresarse varados en el tráfico) y tener la opción de caminar en lugares abiertos y seguros. De este modo, los coches se relegan al uso estrictamente necesario o para viajar en fin de semana, y las ciudades son realmente para los ciudadanos, no sólo para los automovilistas. Es la experiencia de los gobiernos y urbanistas europeos (junto con su genuina atención a las demandas y el bienestar de la gente) lo que permite que esta realidad sea posible.

Por el contrario, el subestimar los procesos de planeación urbana europeos y plantear que el uso del automóvil en Norteamérica es sinónimo de apertura y libertad es una acción claramente errada. De la única manera que podría argumentarse que Estados Unidos toma más en cuenta las necesidades de su gente que Europa, sería por el hecho de que las corporaciones norteamericanas son vistas como personas por la Suprema Corte, ya que las elecciones y campañas son regidas por los intereses de los barones del petróleo; sin su apoyo nadie sería jamás electo. De esta manera, Estados Unidos se ha creado y trazado alrededor del automóvil y los intereses de sus creadores y promotores. Estos son los intereses que realmente han evitado la creación de la infraestructura necesaria para la implementación de sistemas suficientes y eficientes de transporte público. Y lo peor de todo es que, muchas veces, el manejar en Estados Unidos significa esquivar baches, soportar los malos señalamientos, pasar horas en el tráfico, sufrir al buscar estacionamiento carísimo, gastar en gasolina y contaminar el medio ambiente, etcétera (así ni cómo sentirse en el ‘primer mundo’). Pero nadie quiere pagar impuestos para mejorar su realidad porque no vayan a decir que son comunistas y los pocos impuestos existentes se utilizan para subsidiar a los magnates de las compañías petroleras (porque es de socialistas usarlo en transporte público, ¡ni Dios lo quiera!). El urbanismo en este país entonces se reduce a seguir órdenes de compañías petroleras o automotrices y la supuesta libertad a pasar casi un quinto de tu vida en el automóvil (pero eso sí, privado y sin tener que convivir con nadie más). Para qué caminar o usar la bicicleta si pueden vivir permanentemente pegados a sus vehículos; ¡qué viva la obesidad y las enfermedades cardiovasculares!

A dónde se necesitará llegar para que en Estados Unidos y otros países, como el nuestro, se respalde la creación de infraestructura eficiente de transporte púbico para lograr despegarnos de nuestros automóviles (y no electoreramente asegurar que se eliminará la tenencia vehicular en estados tan problemáticos vehicularmente como el mexiquense). Cómo hacerle para darnos cuenta que será ésta una situación en la que todos ganemos. Al ritmo en el que vamos, en el que cada coche transporta generalmente una sola persona, la pregunta debiera ser cómo reducir o revertir tal realidad. Y la respuesta indudablemente es: invirtiendo en otros tipos de transporte, brindando otra opción; esto realmente nos daría libertad… Ya que estamos en el tema del automóvil, me gustaría comentar que hace unos días fui al cine a ver Cars 2, película animada para niños. Tengo que admitir que me impactó el fuerte mensaje de esta película en contra de las poderosísimas compañías petroleras, excelente mensaje y aprendizaje para futuras generaciones que rara vez proviene de la industria del cine y la televisión (particularmente la norteamericana). ¡Bravo!